Germán es como mi gatito en celo: se va arrimando con cuidado a mí, buscando el calor de mi cuerpo, sin hacerse casi de notar, sin invadir mi espacio, pero con la firme intención de acurrucarse a mis pies. Y yo lo dejo, y acaricio su espalda, muy despacio, haciendo que su piel se excite, que su cuerpo se tense de placer. Me encanta ver su cara de deseo, de querer más, y la esperanza que atraviesa su mirada de que esta vez llegaré hasta el final. Pero como él bien sabe, haré, hará, mi voluntad, y pararé cuando me plazca, me da igual lo excitado que esté. Y como un animalito fiel, agachará los ojos y volverá a su rincón, hasta que nuevamente venga a mendigarme una caricia.
Imagen: m_takahashi
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