Esa noche me había sentido muy excitada. Sin que Norma y su chico se dieran cuenta, les había visto tocarse y follar desde mi ventana. Había sido totalmente involuntario, me habían invitado a pasar el fin de semana a su casa del campo, y yo estaba mirando a dónde daba la ventana de mi habitación. Y allí los pillé en plena faena. Al principio no quise mirar, pero es que es inevitable. Mi amiga Norma a cuatro patas, al borde de la cama mientras su chico le daba pero bien, mientras ella jadeaba y sus pequeñas tetas se erizaban a lo bestia. Me podía haber hecho una paja allí mismo mientras miraba, pero sonó el teléfono y me desconcentré. Cuando volví a mirar, ya habían terminado, pero la excitación seguía hormigueando entre mis piernas. Además, hacía una bonita noche, templada y a la vista del campo que había alrededor se me ocurrió que tal vez podía hacerme un dedo en el coche en plena campiña.
Esperé un poco, y con la excusa de ir a por un buen vino, me fui con el coche. Salí y a los pocos minutos en pleno campo y algo separada de la carretera, comencé a masturbarme. No esperaba compañía, pero no sé porqué no me asusté cuando la tuve. Dos hombres me miraban mientras lo restregaba violentamente mi clítoris, con las ventanillas bajadas y la música a media voz. Así me pillaron y así seguí, mientras ellos, colaboradores, acariciaban y pellizcaban mis pezones. Por supuesto con las pollas fuera y empalmados bestialmente. Uno de ellos introdujo su dedo en mi coño, lo suficiente como para estimularme y conseguir que tuviera un orgasmo tremendo. Me corrí con ganas, delante de esos dos desconocidos, que tan amablemente estaban colaborando en mi placer. Correspondí a su generosidad acariciando sus penes, que apuntaban a mi cuerpo, y dejando que se corrieran encima de mí. Ni una palabra, se largaron después de la faena y yo seguí a lo mío. Pude acercarme a comprar el vino al pueblo. Al volver a la casa de mi amiga, me dice que había invitado a unos amigos a cenar con nosotros. ¿Adivinan? Los dos desconocidos de la carretera, que claro ya no eran tan desconocidos y que luego tuvieron el detalle de follarme como debe ser en mi cama de invitada. Un fin de semana inolvidable
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