Reunión con el jefe

Las reuniones no siempre son aburridas...

Reunión con el jefe

Era la primera reunión a la que iba a acudir. Me habían comentado que el jefe tenía costumbre de hacer estos encuentros en su propia casa. Le era más cómodo y también podía participar su mujer. Su tres compañeros le dijeron que resultaban entretenidas. ¿Entretenidas? una reunión con datos y más datos era lo menos parecido a la diversión que uno podía echarse a la cara y menos si era un viernes por la tarde, en casa del jefe. Pero era solo un becario, no tenía más remedio que asistir. Llegamos a la hora acordada y pasamos al despacho. Grande, luminoso, con una gran mesa rectangular y una pantalla con toda la tecnología necesaria para estar cómodos. Me dispuso a pasar dos horas, con suerte, de auténtico aburrimiento. Después de agradecerles su presencia, el jefe comenzó a hablar de cifras, gráficos y demás. Habrían pasado unos unos quince minutos cuando apareció su mujer, con unas carpetas. Guapa, sexy, espectacular. Comentó un par de cosas y estuvo pendiente de las palabras de su marido. Cuando acabó, sin que mediara palabra, se arrodilló ante él, le abrió la bragueta y directamente empezó a chuparle la polla. El golpe fue tremendo, ¿de verdad estaba pasando eso? o era ya que la cabeza la tenía en otro sitio. Pero no, allí seguía ella tan tranquila y el jefe de momento también. La mujer empezó a inclinarse un poco, y al abrir las piernas es cuando Pablo y sus compañeros se dieron cuenta de que no llevaba nada debajo de la falda. El jefe empezaba a excitarse mucho y con toda la educación del mundo dijo un inaudible disculpen unos segundos antes de correrse en nuestra presencia. Increíble. Pablo no sabía dónde mirar, si la cara de su jefe, el coño de la mujer o la corrida que empezaba a caerle hacia el suelo. Pasado un breve tiempo el jefe siguió hablando como si nada hubiera pasado. Continuemos caballeros, dijo, pero antes si necesitan ustedes tomarse un descanso, dijo mientras señalaba una caja de preservativos y levantaba completamente la falda de su mujer, dando una palmadita juguetona en la nalga, dejando aún más a la vista un jugoso y húmedo coño que nadie hubiera rechazado. ¿Quiere empezar usted, Gómez? El compañero de la izquierda se acercó vacilante hacia él, con timidez, sin tener claro si se le ofrecía lo que pensaba, mientras el jefe le decía, adelante hombre, adelante... Y mientras Gómez empezaba a follarse a su mujer, los demás intentábamos seguir con esa insólita reunión... Un ejecutivo al que la mujer le acababa de comer la polla delante de nosotros en medio de una charla, seguía hablando como si tal cosa, mientras uno de sus empleados se follaba a la mujer a cuatro patas delante de todos. Todavía dudaba que no estuviera soñando... Gómez acabó discretamente su cometido, porque una cosa es follarte a la mujer del jefe y otra muy distinta que se te note lo que te ha gustado. Volvió a su lugar, casi culpable. El jefe seguía con sus datos y al ver que nadie más seguía conminó a otro compañero, que rapidamente se dispuso a follarse ese coño que tan hospitalariamente le ofrecían, mientras la reunión seguía como si nada. Solo quedábamos dos. Eso en el caso de que nos invitara a disfrutar de su señora, porque siendo un juego, y yo un becario, pudiera ser que la cosa quedara ahí. Y casi pensaba que nos quedábamos fuera, al ver que el último volvía a su sitio y no decía nada. Quería antes acabar con el tema de los gráficos, como si alguien le hubiera prestado atención... Pasados unos quince minutos dijo algo así como que era hora de ir acabando, y nos señala a los dos. Caballeros, mejor a la vez que sino la cosa se alarga. ¿Los dos? claro, ¿algún problema? contestó algo sorprendido. No era cuestión de enfadarlo ni de rechazar semejante ofrecimiento. Nos acercamos, mientras levantaba a su mujer y la tumbada de lado en la mesa. Así podíamos penetrarla los dos a la vez. Con una mirada entendimos qué nos tocaba a cada uno y procedimos. Y sin buscarlo me follé mi primer culo, el de la mujer del jefe, ahí es nada. Al acabar volvimos a nuestros asientos. Mientras, el jefe ayudó a su mujer a levantarse. ¿Qué tal querida? Bien. Me alegro, ¿Te apetece una copa? Y mientras se la servía, ella comentó unos cuantos datos más, de nuevo con la falda y la ropa compuesta, como si allí no hubiera pasado nada. Continuó hablando unos minutos más y de manera cordial amobs despidieron la reunión, deseándonos que no se hubiera hecho muy pesada... Yo aún no sabía si había sido un sueño, pero desde luego mi orgasmo había sido muy real. Al salir, nadie comentó lo que había sucedido. Cada uno se fue a su casa, mientras pensaba que a pesar de mi edad, esta iba a ser la reunión más extraña de mi vida.

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