Fascinación por los pies

Hay imágenes imborrables que marcan toda una vida...

Fascinación por los pies

Recuerdo con nitidez cuando empezó mi fascinación por los pies. Tenía nueve años, y aquel día vi ese empeine perfecto embutido en unos zapatos de punta y tacón finísimos. Acompañaba a aquella visión un ligero olor a tejido barato, posiblemente también a las horas que su propietaria los llevaba puestos. La mujer era amiga de mi madre, y oculta bajo la mesa camilla había sacado un pie del calzado, supongo que para aliviar el cansancio. Las medias se habían arrugado alrededor de unos dedos que se adivinaban rojos por la apretura. Quedé paralizado por aquella imagen, tan sensual en un pie, tan cotidiana en el otro, con el olor del material barato mezclado con el del café y las pastas que tomaban las señoras. Me acerqué aún más, para tocar esa carne que me parecía tan fascinante. Un grito me sustrajo de la escena, Juanito, ¿qué haces ahí abajo? ¿No encuentras el cochecito?

Desde aquel momento no he dejado de adorar los pies femeninos, de admirarlos, tocarlos, olerlos y chuparlos siempre que he tenido ocasión. Qué le vamos a hacer a cada uno nos da por una cosa...

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