Se iluminó la estancia de una venusta gracia cuando acerqué a tu boca la mía temblorosa, mientras por tierra y cielo relampagueó mi audacia cortándole a la vida su más intacta rosa.
¿Qué jugo, di, qué jugo el corazón invoca tiene como tus labios tan íntimos dulzores? Mujer, dime: ¿Qué abejas buscaron en qué flores las mieles trasegadas al panal de tu boca?
¡Oh, beso! con la gloria de tu emoción celeste -comunión de alma y boca, brasa y diafanidad- abriste en el más puro de los espasmos: Este, a nuestro barro efímero rutas de eternidad.
Tu labio, jardín donde la fiebre es jardinera; botón de calentura mi labio nunca ahíto, fundiéronse en las llagas de la inmortal hoguera para beberse juntos de un beso el infinito.
Comentarios
Los nuevos comentarios se moderan antes de mostrarse públicamente.
Todavía no hay comentarios aprobados.
Deja un comentario
Necesitas una cuenta para participar en la conversación. Accede o regístrate para comentar.