Aunque ungiste el umbral y ensalivaste no pudo penetrar, lamida y suave, ni siquiera calar tan vasta nave, por su volumen como por su lastre.
Burlada mi cautela y en contraste -linimentos, pudores ni cuidados- con exiguos anales olvidados de golpe y sin aviso te adentraste.
Nunca más tolerancia ni acogida hallará en mí tan solapada inerte que a placeres antípodas convida
y en rigores simétricos se invierte: muerte que forma parte de la vida. Vida que forma parte de la muerte.
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