Imagino estar desnudo en una cama. Estoy atado, abierto de brazos y piernas. Mi chica me pasa una pluma por todo el cuerpo, lentamente. La sensibilidad está a flor de piel. De repente cambian las caricias y comienza a castigarme. Pequeños golpecitos con una fusta, que van aumentando en intensidad. Utiliza un vibrador con el que comienza a masturbarme con energía, sin piedad. Yo grito, me da mucho placer y también me hace daño y me da placer. No quiero que ninguna de las dos cosas pare. Me corro salvajemente porque ella lo decide. Espera un poco a que me reponga, empieza de nuevo. Aguanto un poco más, me corro de nuevo. Entonces me desata. Me acaricia la cabeza, me permite descansar sobre su pecho. Buen chico, buen chico...
Átame y domíname
Una pequeña perversión, dejarse a la merced de otro para el placer y el dolor
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