Adoro los momentos de sumisión

Más que sexo, más que muchas cosas, inexplicables a menudo, imposibles de entender para la mayoría

Adoro los momentos de sumisión

Adoro ese momento entre nosotros. La veo ahí entregada a mí, sumisa, confiada, sabiendo que nuestra comunicación va más allá de todo lo que se pueda explicar. Hacemos todo esto porque nos conocemos, es más que amor, más que relación, es saber sus límites, rebasarlos con suavidad y con firmeza. Es contención, tener claro los míos, hasta dónde puedo llegar, saber que no soy su dueño, pero que así nos hacemos grandes los dos, a la vez. Que por nada del mundo le haría daño, que no sobrepasaría el dolor consentido jamás.

Adoro el después, el consuelo, saber que todo ha ido bien, que ambos nos hemos entregado a fondo. La comunión de nuestras respiraciones, ese roce acariciador que calma las heridas. Tener claro que cada uno es uno mismo y que se da al otro voluntariamente sin perder ni un ápice de su propio ser, pero que sin ella soy un poco menos yo y al revés.

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