El lado transgresor del sexo...

Por Lara Vels, el 29/09/2021

El lado transgresor del sexo...

Era desenfadado y alegre, seguro de sí mismo. Desde el primer momento me atrajo tanto como me repelió, sabía de sobra que era el tipo de tío que quería, pero desde luego para nada el que me convenía. Pero aquel día no estaba muy dispuesta a dejar ganar a mi cerebro. Cumplía 30 años, hacía apenas una semana que había terminado con una relación que esperaba eterna, y desde luego no tenía el ánimo para algunas celebraciones. Pero tampoco iba a guardar luto por un ser que como pude comprobar, me había estado engañando durante años. Así es que si esa noche caía algo, iba a ser a mi salud, pero también se lo iba a dedicar a mi ex, y a esa compañera suya de trabajo con la que estaba liado.

Con esos ánimos me quedé en el pub a apurar mi última copa, después de que una buena amiga me hubiera arrastrado a salir al menos a cenar para celebrar mi día. Y cuando ya me iba a ir, sumergida en mis pensamientos rencorosos hacia mi ex, va y aparece. Un tipo con aspecto de galán, ligón, algo chulesco, decidido, que se plantó a mi lado y que consiguió hacerme sonreír. Algo en mi interior me dijo que tuviera cuidado, pero otro algo me convenció de que no lo hiciera, que tener cuidado a veces sirve solo para perderse grandes cosas...

Me sentí envuelta por su presencia, por un leve aroma a colonia masculina, de un cierto nivel. No tenía ni idea de dónde ni porqué me había entrado ese tipo, pero me dejé llevar por mi lado intrépido. Si no tenía sexo con él, cosa que dudaba, al menos estaría acompañada.

Mi predisposición a pasarlo bien, a vengarme de mi ex, y su buen hacer hicieron que en menos de una hora, estuviera agotada de reir, feliz y ya con algunas copas de más. Nos fuimos a dar una vuelta. No recuerdo que ninguno de los dos pagara las copas, pero tampoco como llegamos algo después, a aquel puente más o menos concurrido de tráfico y gente a pesar de las horas. 
Me sentía extrañamente segura y feliz con aquel tipo desconocido. En plena calle, sus manos cálidas comenzaron a acariciarme por debajo de la ropa sin demasiada resistencia por mi parte. De pronto noté que me penetraba desde atrás, en el puente. Mi yo de hacía unas horas ni se lo hubiera planteado, pero el de ese momento estaba pletórico y algo borracho, para qué mentir. No solo me dejé hacer, obediente y feliz, sino que colaboré abriendo mis piernas, colocándome en una postura que facilitaba el coito.

Fui consciente de que la gente que pasaba nos vería, pero eso lo hizo más excitante. Algunos incluso nos gritaban desde los coches, tocaban las bocinas. Tuve un orgasmo allí en plena calle. En un ataque de libertad me quité las bragas caidas a mis pies y las lancé al agua.

Así toda la noche, follando en la calle, cerca de lugares llenos de gente, con mirones, con el peligro de que alguien llamara a la policía. Al amanecer, el último polvo de despedida fue a las puertas del mercado, mientras muchos comenzaban su jornada laboral. Estaba totalmente desinhibida, y ya no era efecto del alcohol. Ni siquiera me había acordado de mi ex y su amante. A la porra, me había concentrado en mí y me lo había pasado genial. 

Nos despedimos después de amanecer. Cuando me preguntó le dije que no, no quería volver a verlo, porque quería probar a cualquier tipo con el que pudiera hacer eso mismo que había ocurrido esa noche. Eso era vida, y no lo que había estado haciendo hasta ahora...

  


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