Descubrir la cera

Por Lara Vels, el 16/09/2021

Descubrir la cera

Berta me descubrió la cera. Era chica del trabajo con la que empecé a coincidir a la hora de la comida, tras un cambio de turno. Creo que de otra manera jamás hubiera cruzado una palabra con ella. La había visto antes, allí nos conocíamos todos, pero a mí siempre me pareció una chica aburrida, sosa en su aspecto, demasiado convencional. Claro que era en el trabajo y a veces uno debe contenerse, pero la cuestión es que nada me incitaba a acercarme a ella.

Cuando por necesidad tuve que hacerlo, descubrí un par de detalles que me hicieron ver que no era tan aburrida como parecía. Llevaba un tatuaje que ví por pura casualidad sin que ella se diera cuenta, una conversación a media voz en la que se nombraba un local con cierta fama de oscuro y alguna cosa más, me hizo darme cuenta de que era otra persona cuando salía de allí. Y a la que la mayoría de compañeros, como yo, apenas le había hecho caso.

Intrigada, hice un pequeño esfuerzo por saber más de su vida. Supongo que había creado ese personaje que interpretaba en el trabajo para no dar demasiadas explicaciones. Lo cierto es que era agradable, culta, y con buena conversación. Cuando empezó a confiar en mí, nuestras conversaciones se hicieron más íntimas, salió el tema de los novios, del sexo. Entonces me abrió todo un mundo: la dulce y sosa Berta era amante del BDSM. No me podía creer algo así, a mi entender ese tipo de prácticas era propio, no sé, de otro tipo de gente. Los prejuicios me dijo Berta, y así es, porque si es difícil saber qué tipo de persona es alguien solo por su aspecto, intentar averiguar su vida sexual es misión imposible.

Prueba, me dijo. Habla con tu novio y si sentís curiosidad, adelante. Se trata de estar a gusto, de pasarlo bien. Entonces me dijo que a ella le encantaba la cera. La sensación de ardor en la piel, esa pequeña punzada de dolor asociado al placer, incluso la pequeña marca que a veces le quedaba le daba gusto al recordar el momento que la había producido. Mi cara tuvo que ser todo un poema, porque se rió de mi gesto. Seguro que piensas que esto no es propio de mí, que no estoy bien de la cabeza. Solo te digo que el placer depende de lo que a cada uno nos guste. Y a mí me gusta la cera, sentirla en mi carne justo cuando tengo un orgasmo, esperar a que se derrame sobre mis pezones, sin saber cómo ni cuando, porque tengo los ojos tapados y mil sensaciones más... Ahora que he probado esto, y que sigo avanzando en este mundo, me resultaría muy difícil volver a tener sexo convencional. Aunque lo haría tranquilamente si un día me canso de esto, por supuesto.

Al volver a casa, no podía dejar de imaginármela haciendo todo tipo de cosas raras para mí. Todo un descubrimiento esta mujer. La otra sorpresa fue que a mi novio no le pareció mala idea cuando se lo comenté. Solo preguntó quién mandaría de los dos. Me dió la risa, siempre hacemos lo que yo quiero, así es que, si era cuestión de jugar, le dejaría que él llevara el mando, aunque fuera solo por un rato...                                         


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