Pequeñas perversiones

Por Lara Vels, el 21/04/2019

Pequeñas perversiones

Era domingo por la tarde y hacía más calor del habitual para un mes de mayo. Estábamos planeando las vacaciones de verano, algo tardías ese año y además del ordenador abierto con mil sugerencias, unos folletos adornaban la mesa de centro del comedor. Uno de ellos mostraba una ruta en las que el camino estaba adornado con unas cruces. Tal vez fue ese calor, el letargo de después de comer o la breve ropa que llevaba mi novia, o todo, pero mi imaginación se desbocó salvajemente. Y mientras ella charlaba y hacía sugerencias, apuntando gracilmente con un lápiz que mientras pensaba, apoyaba en su boquita rosada, yo la imaginaba de otra manera muy diferente.

Dejé volar mi pensamiento libremente, sabiendo que no lo notaría. La vi desnuda, atada a una de esas cruces, con los pies en el suelo y ligeramente abierta de piernas. Allí unos cuantos excursionistas de los que transitaban por el camino se excitarían al verla, grácil, inocente, con sus pechitos livianos y breves a la vista de todos. Allí mismo delante de ella, sacarían sus miembros y se masturbarían y atada como estaba, recibiría la lluvia de semen de todos nosotros, yo incluído, por todo su cuerpo. Perversamente cubierta de fluídos, permanecería sujeta a la cruz, mientras se calmaba la excitación y una de las excursionistas, solidaria, la limpiaría con su lengua, centrándose en su delicioso y peludo coñito, para proporcionarle un fantástico orgasmo, atada, expuesta, delante de todos nosotros...

Cuando mi novia terminó de hablar, me preguntó qué opinaba. De alguna manera conseguí escuchar algunos retazos durante mi ensoñación. Contesté que la ruta esa de las cruces me parecía bien. Nunca se sabe...

Lara Vels

 


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